Gabriel for webLa historia de Gabriel (contada por su mamá Lisa)

Beneficiario de trasplante de corazón

Durante el transcurso de mi embarazo, me enteré que nuestro primer hijo nacería con un problema del corazón (conocido como el síndrome de hipoplasia del ventrículo izquierdo) por lo que necesitaría recibir un trasplante de corazón después de nacer para que pudiera sobrevivir. Sin saber realmente lo que esto implicaba, batallé para tratar de darle sentido a lo que nos esperaba, pero tenía la terminación de hacer lo que fuera posible por el bien de mi bebé.

El día que Gabriel Gideon (Gideon significa “poderoso guerrero”), llegó a este mundo se veía grande y fuerte, y para el comienzo de nuestra vida como familia, esos primeros momentos fueron de gran dicha. Sin embargo, 36 horas después de haber nacido, fue trasladado al hospital Children’s Hospital Colorado. Cuando llegó, el equipo de trasplantes trabajó arduamente para evaluar su condición, confirmar su diagnóstico y establecer un plan de acción. En 24 horas, Gabriel estaba ya en la lista de trasplantes de UNOS. Me dijeron que la espera me preparara para una espera de entre tres y seis meses, el tiempo típico para trasplante de corazón.

Gabriel recibió su corazón nuevo solo trece días después de haber nacido. Cuando su ese nuevo corazón comenzó a latir por sí mismo, hubo, literalmente, gritos de alegría en la sala de espera.

Cuando finalmente nos permitieron verlo, fue verdaderamente impresionante ver a mi recién nacido en esas condiciones. Estaba hinchado tres veces más del tamaño normal y tenía intravenosas conectadas en ocho distintos lugares. Pese a que tenía tantos medicamentos entrando a su pequeño cuerpecito, podíamos ver más allá de este trauma que fue su cirugía porque todos sabíamos que esta era su única oportunidad de sobrevivir.

Eventualmente abrió los ojos, le cerraron el pecho y le removieron el ventilador del corazón. En menos de un semana fue trasladado del área de cuidados intensivos a la de niños, y a los 10 días del trasplante finalmente lo llevamos a casa.

Hoy día, Gabriel vive una vida plena, la que cualquier otro niño de 6 años pudiera conocer, celebrando sus logros como poder andar en bici sin las ruedas de apoyo, o leer. Estoy consciente que parte de que le haya ido tan bien es debido a mi constante diligencia por darle su medicamento, mantenerlo alejado de enfermedades y lavarnos las manos frecuentemente.

Gracias a que una persona generosa dijo “sí” a la donación, Gabriel tiene toda una vida por delante.

“A veces, mientras Gabriel duerme, me pongo a escuchar los latidos de su corazón con el estetoscopio y reflexiono agradecida de saber que si no fuera porque alguien tomó la decisión de donar vida, mi hijo ya no estaría aquí”.